junio 14, 2026

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La Secretaría de las Mujeres, acéfala

En un país donde cada día miles de mujeres enfrentan violencia, desigualdad y barreras estructurales, resulta preocupante —y políticamente contradictorio— que una de las dependencias más importantes del gobierno federal permanezca sin una titular formal desde hace más de dos meses. La Secretaría de las Mujeres, concebida como uno de los grandes emblemas del llamado “primer gobierno feminista” de México, hoy opera en medio de un vacío de liderazgo que genera preguntas legítimas sobre las prioridades del poder.

La salida de Citlalli Hernández Mora no fue producto de una crisis institucional, ni de una renuncia por razones personales o de salud. La propia presidenta Claudia Sheinbaum Pardo informó en abril que la entonces secretaria dejó el cargo para integrarse a tareas partidistas en Morena rumbo al proceso electoral de 2027, particularmente en la definición de alianzas y estrategia política. Es decir, una secretaría de Estado quedó descabezada porque su titular fue requerida en asuntos de partido.

El mensaje político es delicado. Más aún cuando hablamos de una dependencia creada apenas en 2025 para sustituir al Instituto Nacional de las Mujeres, con la promesa de elevar la agenda de género al máximo nivel gubernamental. La Secretaría nació con el objetivo de coordinar políticas públicas para prevenir la violencia, garantizar derechos, promover igualdad y fortalecer sistemas de cuidados. Hoy, sin embargo, el símbolo parece haber perdido fuerza frente a la lógica electoral.

Mientras el gobierno federal sostiene que las operaciones no se han detenido y que existe continuidad administrativa bajo la conducción interina de funcionarias de segundo nivel, la ausencia de una titular formal pesa política y simbólicamente. En momentos donde los feminicidios, desapariciones y agresiones contra mujeres siguen marcando la agenda nacional, la conducción institucional no puede verse como un asunto secundario o postergable.

La crítica ya escaló al terreno legislativo. Diputadas del Partido Acción Nacional han exigido públicamente que la presidenta Sheinbaum designe de inmediato a una titular para la Secretaría, argumentando que resulta incongruente hablar de una agenda prioritaria para las mujeres mientras una institución clave permanece sin cabeza. Aunque el reclamo proviene de la oposición y puede interpretarse desde el terreno político, eso no invalida el fondo del debate: ¿puede un gobierno que se asume feminista permitirse mantener acéfala la principal dependencia encargada de la política de género?

La presidenta ha dicho que evalúa perfiles y que la decisión debe tomarse cuidadosamente. Esa prudencia puede entenderse cuando se trata de un cargo estratégico; sin embargo, el tiempo corre y las señales importan. En política, las ausencias también comunican. Y hoy la Secretaría de las Mujeres comunica incertidumbre.

El problema no es únicamente administrativo. Es de prioridades. Porque si una dependencia creada para atender las demandas históricas de millones de mujeres queda relegada mientras sus cuadros se reorganizan para procesos partidistas, el discurso del compromiso feminista inevitablemente se desgasta.

La presidenta Claudia Sheinbaum aún está a tiempo de enviar una señal clara: nombrar a una titular con capacidad, experiencia y autonomía para encabezar una agenda que no admite pausas. Las mujeres de México no pueden quedar en espera de los tiempos electorales.